Un Día Común | Malec One-Shot
Alec recién había despertado, no tenía abiertos los ojos, pero al removerse en la cama sintió que no había nadie a su lado, los abrió lentamente ya que la luz de la mañana que se colaba por la ventana le daba directamente en el rostro. Rodó un poco en la cama y efectivamente el lado que ocupaba Magnus estaba vacío, tocó su almohada suavemente y notó que estaba fría, lo que quería decir que hacía tiempo se había levantado.
Era extraño, las últimas semanas habían estado siendo despertados al mismo tiempo por Max, ya sea porque tenía hambre, o porque decidía que necesitaba más atención de sus padres y buscaba llamarla con unos tremendos gritos.
Apartando el pensamiento de su cabeza, Alec se levantó para tomar una ducha, suponía que Magnus estaba cuidando de Max así que podía tener algo de tranquilidad.
Al salir se puso un pijama, era sábado y no creía que fueran a ninguna parte, además tenía el día libre. Mientras se cambiaba le pareció escuchar ruidos en la cocina, supuso que Magnus trataba de darle de comer a Max manualmente, a Alec no le gustaba que simplemente apareciera los biberones hechos así que le insistía en que los hiciera él mismo. Se oía demasiado ruido.
Alec salió de la habitación y se dirigió a la cocina para asegurarse de que Magnus no terminara quemándola con sus habilidades culinarias. Después de todo era sólo un biberón, no era gran cosa.
Entró en la cocina y la escena era indescriptible.
Magnus estaba de pie al lado de la pequeña isla de la cocina con... ¿Leche en polvo? En toda su cabeza. Max estaba sentado muy a gusto en la isla jugando con el bote de leche vacío, cuyo contenido estaba por todas partes incluyéndolo a él. Era un desastre.
Alec suspiró.
-Magnus.
-Buenos días, garbancito. - dijo Magnus en tono cantarín con una gran sonrisa y atrayéndolo en un meloso abrazo al mismo tiempo que le daba un tierno beso en la frente. Alec lo miró con ojos cansados.
-¿Tratabas de destruir la cocina? - dijo Alec.
-Un saludo no estaría mal - dijo Magnus mientras levantaba a Max de la isla.
-Magnus, dame al bebé. - Alec extendió sus brazos para quitarle el bebé a Magnus, mientras éste se resistía.
-¿Por qué? Si le estoy dando de comer.
-Magnus, ¡Es un desastre! Está sucio, igual que tú - dijo Alec haciendo un puchero. Magnus rió levemente. - No sé de qué te ríes, ve a darte una ducha.
-¿Vendrás conmigo? - preguntó Magnus, coqueto. Por el rostro de Alec pasaron diferentes tonalidades de rojo.
-Esta vez no, debo alimentar a Max y limpiarlo. - dijo Alec tomando posesión del bebé. -No creo que quieras esperar... - fue interrumpido cuando Magnus chasqueó sus dedos y la cocina había sido limpiada y con ella, Max. Hizo aparecer un biberón lleno y se lo ofreció al bebé, el cual lo tomó gustoso y empezó a beberlo.
-¿Y ahora qué tal? - preguntó Magnus sonriéndole a Alec mientras colocaba sus manos alrededor de su cintura en un abrazo, poniendo su barbilla en su hombro. - Vamos Alexander - susurró suavemente y con picardía contra su oído.
Alec se relajó con su tacto, ni siquiera había notado que estaba tenso, cerró los ojos y sonrió.
***
En la habitación Alec estaba en la cama con Blueberry mientras Magnus se ponía fabuloso para él, según había dicho.
Magnus se asomó levemente por la puerta del baño sin ser visto por el pelinegro.
Él miraba a Max con una ternura y amor inmensos, recordó la primera vez que lo vió, tan pequeño, tan frágil, solo, abandonado en los escalones de la Academia.
Cuando Alec lo sostuvo por primera vez, vio en ellos la familia que tanto había deseado, el deseo con el que el ojiazul miraba al bebé, deseando que fuese suyo.
Y ahora aquí estaban, los tres juntos, como una familia, algo que Alec, como él, habían anhelado.
-Alec... - llamó Magnus. Alec levantó la mirada, su boca se entreabrió dejando escapar un suspiro mientras escudriñaba cuidadosamente el cuerpo desnudo de su amado. - Ven aquí.
Alec dejó cuidadosamente a Max en su cuna, ya dormido. Fue hacia el baño y se metió junto con Magnus, hizo desaparecer su ropa con un chasquido.
Se besaron lentamente, saboreándose el uno al otro, mientras sus lenguas estaban en un baile con un compás lento, que poco a poco fue aumentando de velocidad.
Magnus pasó sus manos por el abdomen firme de Alec, acariciando todas y cada una de las cicatrices que cruzaban su piel, resultado del guerrero que era.
Alec se aferraba a la espalda de Magnus mientras éste se fusionada en su interior, fuego angelical contra fuego demoníaco, pero para Alec, Magnus era un ángel, un ángel que quemaba con el fuego de los siete infiernos contra su interior.
Ondas de placer cruzaban los cuerpos de ambos bajo el suave murmullo del agua cayendo sobre ellos.
-Te amo-dijo Alec entre jadeos.
-Ah, ¿si?-respondió Magnus, burlón. -Te demostraré que yo te amo más.
Comentarios
Publicar un comentario